expr:class='"loading" + data:blog.mobileClass'>

viernes, 25 de enero de 2013

Tengo mono de pintar.


Tengo mono de pintar.

Ya sabes, el aire impregnado de polvo de grafito, el olor a lápices nuevos o aguarrás, que te da ese ligero mareo instantáneo, toda esa gama de colores acrílicos dispuestos en orden alfabético y numerado, todos los pinceles dispuestos en fila...

Empuñas tu arma, la impregnas de color azul eléctrico y descargas toda tu ira a base de brochetazos en el pobre papel blanquecino.

Cuando era pequeña me pasaba horas inventando, creando personajes imaginarios, lugares irreales y mágicos a través de mi mente hasta plasmarlo en un bloc.

Ya no tengo mucho tiempo de hacer esas cosas, pero eso no significa que ya no me guste. Supongo que me he hecho mayor.

Mis dibujos se los tomaban todos a broma ¨ mira que graciosa la niña, dibujando muñequitas¨ cuando en realidad, eran muñecas diabólicas que lloraban sangre. Supongo que diez años vistiendo de Ágata Ruiz de la Prada cambian tu forma de ser hasta el punto de que odias las princesas y te encantan los bichos feos y las rosas negras.

Nos hacemos a nosotros mismos poco a poco, sin darnos cuenta dejamos de medirnos en el marco de la puerta con un lápiz o de pedirle a nuestra madre que nos ate los zapatos. Después viene lo típico, empiezas a seguir la moda porque quieres encajar en el mundo, hasta que te das cuenta de que en realidad lo que de verdad importa es ser uno mismo, aunque para ello tengas que ser un desecho social.

-d-e-s-e-c-h-o-s-o-c-i-a-l-

Palabra que muchos temen y que otros ignoran. A mí, sinceramente, ya no me da miedo.

Seguiré dibujando en mis días tristes, seguiré sentándome en un rincón de la clase a leerme un buen libro, seguiré quedándome en casa acompañada de mi guitarra y mi voz, seguiré escribiendo en este blog y seguiré siendo como soy.

Y si no te gusta es que no mereces mi compañía, y aunque no haya nadie que la merezca siempre me quedare yo misma, porque querido lector, la única persona que no se va a separar de ti eres tú mismo. Aprende a quererte para querer a los demás, y yo que de verdad creo que me he hecho mayor, empezaré a seguir mis propios consejos a partir de ahora
 

lunes, 21 de enero de 2013

Confesiones 2//


Dicen que estoy loca. Que sufro de enfermedades contagiosas. Que veo alucinaciones. Yo solamente sufro de inseguridades. Yo solamente veo lo que mis ojos quieren ver.

¿Acaso está loco el que es diferente? ¿Acaso está enfermo el soñador?

La rutina nos vuelve locos a todos, y es algo que nadie quiere aceptar. Que prefiera ser la oveja negra del rebaño no significa que sea un desecho social. Uno nace como es, feo, guapo, bonito, bajito, alto, amable, caprichoso, negro, blanco y me atrevería a decir verde.

Claro que nos gustaría ser como una Barbi o un Ken. Claro que nos gustaría ser una persona rica en virtudes. Claro que nos gustaría ser felices.

Hay personas que son felices con lo que tienen ¿Si ellos pueden, porque tú no?

Párate a pensar si de verdad te gusta tu vida. ¿Me gusta a mí la mía?

Pues no. Paseo por las calles de Alcalá y me entran arcadas de ver tanta mierda ahogando las aceras.

¡Viva España! Gritan unos.

¡Viva el rock! Gritan otros.

A la mierda con todo. Reinventemos el mundo. ¿Si la política es una mierda porque cojones sentarse y quedarte de brazos cruzados? La gente pide mucho y actúa poco.

Tanta falsedad sobrepasa los límites, ya no solo en politiqueo, en amistades-relaciones-compañerismo. Sois todos tan falsos que os creéis vuestras propias mentiras.

Al cuerno con los estereotipos.

Soy una estúpida suicida con problemas mentales, pero sigo siendo yo misma.

sábado, 19 de enero de 2013

Canción de despedida.


Dicen que te fuiste a un lugar mejor. No sé si aquellas palabras serán verdad, o simplemente son una manera de tranquilizar a la gente. ¿Cielo o infierno? Quizás el infierno no sea tan malo, al menos se dice que hace calorcito, mientras no te abrases con las llamas no parece un mal lugar donde pasar el resto de la eternidad. No creo ni en dios, ni el karma, ni en buda. Pero eso no significa que no desee creer en ello. Es mejor vivir con la esperanza de que haya algo después a mentalizarte de que cuando te mueras te olvidaras de toda tu absurda existencia, te encerraran en una caja de madera y te echaran tierra a palazos, atrapado por el resto de lo infinito. Prefiero creerme mi propia mentira y pensar que estarás comiendo y bebiendo vino como un cerdo en la mesa del Gran Señor. Espero que no te hayas olvidado de mí, eso sí que no lo soportaría. Puede ser ahora mismo estas relatándole uno de nuestros muchos momentos juntos a un caballero de la Edad Media muerto en batalla por un hachazo. Él se estará riendo por la cantidad de sandeces y brujerías que dices, pensando que estás loco y tu, ajeno a ello seguirás y seguirás contando, intentando aferrarte a nuestros recuerdos sea como sea. Si no es nada de esto cierto espero que te hayan convertido en un precioso ángel de la guarda, a ser posible mío, que vengas todas las noches susurrarme que me quieres y a taparme con una manta porque me e quedado dormida en el sofá. Si tampoco es esto cierto quizás te hayas fundido con la naturaleza, el murmullo de un río, la suave brisa mañanera, la primera escarcha, el rocío de la mañana....que tu dulce olor se impregne en cada rincón del mundo, sí, eso sería maravilloso.
Sea donde sea que estés, no quiero olvidarte.
¿Por qué olvidar a las personas que se han ido, si son mucho mejores que las que aún siguen vivas?
Moriré con un retrato tuyo entre mis manos si hace falta. Me aferraré a tus recuerdos, a tu pelo despeinado, a tu sonrisa torcida, a tus ojos verdes, las suaves caricias en mi pelo, nuestros besos de despedida, nuestras vacaciones...
No, no digo que vaya a suicidarme, o que valla a vivir anclada en un pasado, que pasado está. Me refiero a que viviré todo aquello que no pude vivir contigo, que hare las cosas por y para ti, que te tendré en mi mente y mi corazón por siempre.
Y que decirte ya, solamente gracias, por lo que hiciste en un pasado, lo que hiciste en un presente, y lo que harás en un futuro.
Te quiero, aun qué nos separen fuerzas extrañas del universo.

martes, 15 de enero de 2013

Días críticos.


Ya sabes a lo que me refiero.

Días en los que te fumas un cigarro, aspiras el aire contaminado y notas tus pulmones arder, llenándose de más mierda que tus problemas, algo nuevo, algo a lo que echarle las culpas. Beberte unas cuantas botellas de alcohol hasta que notes sus efectos, como el líquido te abrasa el estómago, como tu vista se nubla y deja de ver la maldita realidad. Te coges unas cuantas pastillas, así, a puñados, y te las metes de golpe en la boca, sí, como lo oyes. Vomitas tus preocupaciones, sacas todo lo malo fuera por una noche. Lloras todo lo nunca llorado, te quedas más seco que una pasa y cuando ya crees que no te queda más líquido en el cuerpo es cuando viene el becerreo y los gritos, llamando a alguien que sabes que no va a venir.

Coger la maldita botella, ver tu reflejo deforme en ella y  mirarte como si fuera la primera vez. ¿Qué mierda es esta? repites una y otra vez ¿En qué mierda me he convertido? Pero nadie te va a responder y tú lo sabes. Te tumbas en el frío asfalto, en medio de ninguna parte y miras el cielo nocturno. Estrellas tintinean a lo lejos, y tú deseas estar allí, con ellas, lejos del mundo, de la gente que te rodea estando pero sin estar. Piensas en los días perdidos, reinventas su voz, intentas convencerte a ti mismo de que las cosas irán bien, hasta que tus parpados se cierran del cansancio, del peso del mundo sobre ti, y acabas sumiéndote en un sueño profundo.
 
 

jueves, 27 de diciembre de 2012

¿Infinito?


Estaba anocheciendo, pero me limite a seguir andando por aquel sendero que tantas veces recorrí. Podía sentir el frio suelo rozando mis pies descalzos, las hojas secas y el barro que indicaba mi proximidad al pequeño riachuelo. A medida que avanzaba los arboles tenían cada vez mas ramas retorcidas, gigantes y puntiagudas, daba la impresión de que gritaban de agonía. Los búhos ululaban en las ramas mas altas, el viento soplaba levemente, pero lo bastante como para arrastrar las pocas hojas que colgaban.

Llevaba bastantes minutos andando hasta que llegué por fin al pequeño riachuelo. En aquella zona los árboles eran menos, asique me tumbe en una roca grande cerca de la cascada y me tumbé a contemplar las estrellas.

 Tan pequeñas, tan distantes. Pequeñas motas doradas, destellos que tintinean a un ritmo desigual. Entonces recordé aquel día. El día en que todo acabó.

-Una, dos, tres, cuatro, cinco…

-¿Qué haces?

-Contar estrellas.

-Son millones, nunca conseguirás acabar.

-¿Alguna vez has pensado de verdad lo que significa el infinito?

-Bueno, infinito es algo que no tiene fin ¿No?

-Sí. Las estrellas son infinitas, el espacio es infinito, los números son infinitos.

-Hay personas que dicen que su amor es infinito. Eso es imposible.

-¿Eso es lo que crees? Yo creo que sí puede ser infinito. Amar a alguien en cada vida, seria divertido.

-¿Divertido? Yo no creo en esas cosas.

-Siempre hay algo en lo que creer. Dios, la magia, los ángeles, el amor o el infinito. Son cosas que están para creer en ellas.

-¿Por qué?

-Porque siempre te aferras a algo, algo que no tiene explicación para los demás, porque, sin saber por qué, crees en ello. El impulso de darle una explicación. Siempre tenemos preguntas, pero la mayoría sin respuesta.

-¿Y tú en que crees?

-Creo que deberíamos regresar a casa, esta anocheciendo y es peligroso andar por aquí.

-No quiero volver, me gustar estar aquí, contigo.

-En casa estarás mejor.

-Prométeme que vendrás conmigo mañana.

-Te lo prometo.

Y sin saber por qué aproxime mis labios a los suyos. Fue un beso rápido, pero cálido en aquel bosque frío. Sus labios tenían aún el azúcar de las galletas. Cuando me aparté aquellos ojos verde esmeralda me miraban fijamente. No parecía enfadado, parecía abatido, cansado, triste. Casi a punto de llorar. Noté cierto destello en sus ojos, y creí que la misma galaxia se encontraba sumida en aquella mirada.

No hablamos de regreso a casa. Ni fuimos al bosque otra vez. No volvió a hablarme más.

Empecé a llorar. No por pena, me sentía humillada. No le gustaba, pero ¿era razón para que me dejara así?

Entonces algo se oyó entre los arbustos. ¿Que podía hacer?

Me bajé despacio de la roca, haciendo el menor ruido posible. Me quedé parada, atenta, escuchando lo que aquello podía ser. Alguien salió de entre los árboles. Había anochecido y no podía ver su rostro, pero a medida que se acercaba pude reconocer unos ojos verdes. Pero no eran unos ojos verdes cualquiera, eran verde esmeralda. Esos ojos que tintineaban como las estrellas. Esos ojos que me habían enamorado.

-¿Qué haces aquí?

-Eso debería decirte yo, ¿sabes que hora es?

-No, tampoco tengo intención de regresar.

-Perdóname.

Aquellas palabras se quedaron flotando en el aire. ¿Qué le perdone? Si, había dicho que le perdonase.

-Luci…

-Solo dime ¿por qué desapareciste? ¿Por qué me dejaste sola todos estos años? No lo entiendo Cam.

-Por qué te quería, pero no era el momento de…de estar juntos.

-No te inventes cosas, solo tenias que decirme que no te gustaba como algo más que tu amiga.

-Te quiero como algo más que una amiga desde que te conocí.

-No te creo.

Y sin pensárselo dos veces, Cam me agarró del brazo, atrayéndome hacia él. Puso su mano en mi cuello y me besó. No como aquel beso inocente de aquella vez. Fue un beso más cálido que aquel. Como si deseara hacerlo hace mucho tiempo. Sus labios eran igual de dulces. Me dejé llevar. Él me agarro más fuerte por al cintura, besándome más apasionadamente que antes.

domingo, 23 de diciembre de 2012

R.I.P


El cielo estaba despejado. No había nubes. Solamente una motita blanca en medio de un inmenso azul claro. Los rayos del sol me obligaban a poner la mano a modo de visera.

Ese día me había puesto un vestido color rosa palo en honor a la abuela, con los bordes en violeta, un lazo en la cintura y sin zapatos, como siempre.

No me recogí el pelo, prefería que el viento lo alborotara y jugara con él. Aquella sensación me encantaba.

Seguidamente saqué la manta y la extendí en el suelo, cubriéndola con todo tipo de frutas,panes y mermeladas.

La colina al oeste del viejo bosque de Glasgow era mi lugar favorito, donde el único ruido era el de los pequeños pajaritos que surcaban la zona o el silbido lejano del viento en épocas de otoño.

Descubrí este lugar con mi mejor amiga Alice, un día decidimos hacer una excursión por el bosque, por aquel entonces eramos unas niñas y solamente queríamos jugar, pero pasamos un largo rato en la colina, nada más verla supimos que ese iba a ser nuestro lugar secreto.

Al día siguiente hicimos una merienda, la misma manta de corazones de colores y los mismos platos de plástico.

Alice y yo empezamos a jugar con la comida, yo manchaba su nariz con mermelada de fresa y ella a la mía con la mantequilla. Acabamos tan manchadas que tuvimos que buscar un lago donde poder lavarnos la cara.

A pocos metros de la colina encontramos una especie de lagito, mas parecido a un charco grande formado por la lluvia, lo cual era imposible ya que en Glasgow nunca llovia a no ser que fuera una tormenta de verano, y estabamos en primavera.

Entonces la empujé a modo de broma.

Alice perdió el equilibrio y calló al agua.

Yo me reia estrepitosamente hasta que me di cuenta de que Alice no salía del agua.

Comencé a llamarla, preocupada, deseando que fuera una broma para devolverme el empujón.

Pero no fue así.

Alice se habia golpeado la cabeza con una roca y había muerto en el acto.

Mi mejor amiga murió por mi culpa.

-¿Alice te gusta la merienda que e preparado?

El viento removió una vez mas mi melena rubia, como si Alice estuviera ahí,conmigo.

-Lo siento.

Y sé que mis disculpas se las llevó el viento, deseando que ella, estuviera donde estuviera me escuchase.


lunes, 17 de diciembre de 2012

.


El corazón me latía con fuerza. Mi mente no podía creer lo que estaba viendo. Ahí estaba él. Pero no era solo él. Una tenue luz cálida recorría su silueta, como si estuviera hecho de oro.

Me miró fijamente, quizá esperando a  que yo le dijera algo. Me quedé totalmente paralizada.

De sus omoplatos empezaron a formarse unos pequeños bultos, como si algo ahí dentro necesitara salir a la superficie y respirar aire puro. La carne empezó a desgarrarse en cuestión de segundos, a él no parecía dolerle.

Y de pronto unas plumas salieron de su espalda. Unas alas gigantes, el triple de altas que él, blancas como la nieve y con pequeños destellos dorados.

-¿Qué demon…?- Se me quebró la voz antes de poder terminar la frase.

No podía creer que el chico al que ababa era un ángel.

Se acercó lentamente, con paso firme pero con delicadeza, procurando no asustarme.

No apartó los ojos ni un segundo de mí.

-Lo siento, Adeline.

Lo sentía de verdad, pude ver la culpa reflejada en sus ojos color esmeralda.

-No tienes que sentir nada, solamente abrázame.

Se abalanzó hacia mí. Hacía meses que no sentía el contacto de su piel, y aquel abrazo hizo que todos mis sentidos se despertaran de una bofetada.

Me envolvió entre sus hermosas alas, tapando la luz del sol y sustituyéndola por la suya propia, aquel brillo que emanaba de su propia piel.

-¿Puedo…?

Él asintió con una sonrisa en los labios.

Alargué el brazo y rocé aquellas plumas.

Eran como nubes de algodón de azúcar, suaves y delicadas.

Miré su rostro detenidamente y sin darme cuenta empecé a sonreír por lo que acababa de descubrir.

Era demasiado hermoso para ser real. Pero ahí estaba, protegiéndome y cuidándome desde hacía mucho más tiempo del que yo hubiera podido imaginar.

-Gracias Alan.

Una lágrima resbaló por mi mejilla, pero no de dolor, sino de alegría.

-Te quiero, siempre te quise, desde el día en que viniste al mundo.

-Te quiero, mi ángel de la guarda.